Conversando con un experto en la materia, comprendí finalmente el error en que muchos docentes estamos actualmente incurriendo. No acabamos de comprender la diferencia entre impartir una educación a distancia e impartir una educación virtual.
En la educación a distancia el docente se reúne con sus estudiantes menos veces que lo habitual; pero asigna suficiente trabajo para reparar por las sesiones en las que no se reunirá. Por ejemplo, un estudiante en un curso a distancia asistirá a clases una vez al mes, pero en cada clase se le asigna suficiente material de estudio para cubrir hasta la próxima clase del mes siguiente, cuando nuevamente volverá a encontrarse con su profesor y demás estudiantes del grupo.
Educación virtual es un concepto que encierra otras connotaciones, muchas veces pasadas por alto. A diferencia de una educación a distancia donde los momentos de interacción entre docente y estudiantes son escasos, en la educación virtual la interacción entre “profesor-alumno” y “alumno-alumno” ocurre con frecuencia; incluso más que en un curso dictado de manera convencional. La diferencia radica en el hecho que ésta interacción se da a través del internet.
Como lo indica el término, la educación virtual toma lugar en el entorno virtual y a través de medios virtuales: chats, foros, wikis, redes sociales, webinars, webquest, e-mail, blogs, msm, podcast, youtube, twitter, Mundos virtuales, plataformas educativas, o cualquier otra aplicación que exista propia de la red. La destreza del educador radica en el conocimiento que tenga sobre estas herramientas y la adecuada aplicación de las mismas para fomentar el aprendizaje.
He tenido experiencia como desarrolladora de cursos virtuales para la Organización Canadiense Derechos y Democracia. EL promedio de matrícula por curso es de 40 a 50 estudiantes, principalmente del continente Americano. Cada curso tiene una duración de dos a cuatro meses. Uno de los indicativos que el curso ha sido exitoso es que, aún finalizado, los estudiantes continúan interactuando entre ellos, analizando los temas del curso. Esto es resultado de que en cada curso procuramos mantener un ambiente que facilite la comunicación, el trabajo en equipo, y la generación de conocimiento de manera colectiva. Esto, por supuesto involucra más trabajo dado que requiere el estar diariamente conectado, moderando foros, respondiendo a correos electrónicos, o estar presente en la sala de chat para conversar con los estudiantes. Con la finalidad de no saturar al docente, hemos incorporado el sistema de tutores. Por cada curso que se desarrolla, se contratan de dos a tres tutores adicionales, quienes son los responsables de mantener la interactividad entre los estudiantes del curso.
No creo que esta modalidad de educación virtual descrita sea la mejor o la única. En realidad, no existe un modelo establecido y aprobado universalmente. Estamos en el proceso de la construcción de este modelo. Lo que sí queda claro a esta altura, es que la educación a distancia no es sinónimo de educación virtual. Bien es cierto que en la educación virtual docentes y alumnos no convergen físicamente en el mismo espacio, pero interactúan con mayor frecuencia y a través de medios distintos que en la educación a distancia. Si nuestras clases virtuales no están generando interacciones frecuentes y más bien se han convertido en una rutina de leer un texto y mandar una evaluación, entonces puede ser el caso que estamos incurriendo en el error de confundir ambas modalidades de estudio.
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